Cañaverosa: un tesoro natural

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Calasparra puede presumir de tener un verdadero tesoro natural y recorrerlo en esta época del año es un verdadero privilegio. Les hablo de la Reserva Natural de Cañaverosa, el último bosque de ribera o de galería de la Región de Murcia. Se localiza en el curso alto de Río Segura en el noroeste regional. Tiene una longitud de de 12 km y su superficie protegida es de 225 hectáreas entre los términos municipales de Moratalla y Calasparra.  Con motivo del Día Mundial de las Aves, que se celebra el primer fin de semana de octubre coincidiendo con su migración,   la Oficina de Impulso Socioeconómico del Medio Ambiente, dependiente de la Consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente, invitaba a recorrerla a un grupo de unas 25 personas el pasado sábado, y www.calasparra.org fue testigo excepcional.

El paisaje; las tonalidades del ocre al verde; escuchar el tranquilo discurrir del agua y el piar de los pájaros; pisar sobre las hojas que ya empiezan a poblar los senderos en esta época del año; el olor a limo, a  humedad, a bosque; acariciar los frondosos chopos, sauces y álamos; descubrir un rosal salvaje; saborear unas moras silvestres y observar la cantidad de aves que pueblan estos mágicos y evocadores  lugares, es un placer para los sentidos. Más aún cuando nos explican de forma detallada y completa todo aquello que vamos viendo o lo que, aún sin verlo, sabemos que está ahí, oculto en este refugio, el más importante por variedad de aves de toda Europa.

Armados de mapa y prismáticos, emprendemos la marcha silenciosa tras la bienvenida y una primera explicación en el punto de información situado junto a los arcos del Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza. Allí nos reciben gentilmente la bióloga Mª Jose Moya del Amor, “Fefi”,  y la Geóloga, Nuria Torrente García,     dos grandes profesionales que añaden un plus a la visita con su amabilidad y buena atención. Primeramente ascendemos  al mirador de las Escarihuelas del Santuario. La subida de sus escalones de piedra nos deja casi sin aliento, pero merece la pena. Desde su balcón apreciamos todo el valle y el cenajo con el río Segura al fondo y, si tenemos suerte, algún Águila Perdicera, es cuestión de paciencia. El paso del tiempo y el agua han obrado aquí una verdadera maravilla arquitectónica natural, los cantos rodados de las paredes nos hablan de ello.

Volvemos sobre nuestros pasos y abandonamos el Santuario para  tomar el camino que nos llevará a nuestra próxima parada,  “Las Juntas”, donde se une el río Moratalla. Para llegar hasta allí caminamos en paralelo al río y notamos su presencia. La vegetación a nuestra derecha es frondosa y rica, el generoso río ha propiciado  un rico bosque en el que anidan todo tipo de especies. Mientras que si miramos hacia nuestra izquierda, una elevada pared vertical, que puede llegar a alcanzar los 80 metros de altura y compuesta de conglomerados de origen fluvial, nos sobrecoge. En un alto en el camino  junto al río, la técnico nos muestra algunas de las especies voladoras que allí habitan. Mitos, mirlos, oropéndolas, ruiseñores, abejarucos o el pito real, entre otras muchas. Muchos de sus nidos ya están abandonados,  pues han emprendido el viaje al sur,  pero su presencia es fácilmente reconocible, no hay más que cerrar los ojos y escuchar. Un curioso juego con un espejo  nos muestra un punto de vista diferente de  cuanto nos rodea, especialmente de todo aquello que tenemos sobre nuestras cabezas, y las sensaciones son extraordinarias.

Tras cruza el río,  el sendero de la “Huertecica”  nos lleva hasta la zona más frondosa de la Reserva Natural de Cañaverosa. Se le llama así porque las copas de la arboleda se juntan y forman una bóveda natural por la que apenas pasan los rayos de sol. La vegetación, que crece a ambos lados del río,  viene seleccionada por su proximidad al agua y se dispone en bandas paralelas a éste. En este tramo del recorrido chopos, álamos, fresnos, sauces, adelfas y tarajes se mezclan, mientras que distinguimos que, en la zona afectada directamente por las crecidas, se desarrollan especies de estructura flexible y de porte arbustivo, como los sauces, zarzas, cañaverales y carrizales que forman una densa masa vegetal. Todo esto propicia que los sotos alberguen una comunidad faunística muy rica en especies: invertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos otorgan una biodiversidad impresionante a estos bosques riparios. Ir en silencio aporta un plus a la visita y, si agudizamos el oído, nos podemos llevar una grata sorpresa.

Fefi nos propone un juego. Identificar alguna de las especies que tienen allí su hogar: la nutria, el martín pescador o el cormorán. El juego también nos alecciona: la acción del hombre sobre el medio ambiente ha causado verdaderos estragos y debemos revertir esa situación, está en nuestras manos.

Seguimos el sendero y, de repente, el  impetuoso sol de mediodía se abre sobre nuestras cabezas y el intenso calor de esa hora nos pilla por sorpresa  cuando abandonamos el bosque,  apenas hay donde refugiarse. Vamos en dirección al “Mirador del Campillo”, allí nos aguarda una increíble sorpresa que nadie espera.

Desde este punto tenemos una completa vista del bosque de ribera surgiendo entre los montes cercanos que cuentan con una vegetación adaptada a la falta de agua y compuesta  fundamentalmente de matorral y esparteras. Distinguimos algunas de las fincas cercanas,  Cañaverosa, El Campillo, Las Hoyas, la Dehesa y el Puerto.

Pero lo mejor del recorrido está por llegar. La técnico que dirige la visita nos anuncia que vamos a tener el privilegio de presenciar la suelta de dos aves rescatadas por el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre ‘El Valle’, gestionado por el Servicio de Protección y Conservación de la  Naturaleza de la Dirección General de Patrimonio Natural y Biodiversidad. Se trata de un Cernícalo y un Buitre Leonado que ya se encuentran perfectamente para volver a vivir en libertad. El Agente Medioambiental, que en ese momento se incorpora a la visita, nos explica que el centro recibe anualmente más de 2.000 ejemplares de animales silvestres, algunos en peligro de extinción,  y que llegan, sobre todo, gracias a la colaboración ciudadana que avisa a través del 112 del hallazgo. Tras su cuidado y recuperación total, su tiempo en cautividad ha terminado y nosotros vamos a ser testigos del primer día de su nueva vida. A partir de ahora su supervivencia dependerá de ellos mismos y tendrán que enfrentarse a muchos peligros, fundamentalmente aquellos que el hombre pone en su camino.

Un momento muy especial y emotivo que termina con un espontáneo aplauso y con un “¡buen viaje y buena suerte!”. El intenso sol no nos impide quedarnos durante unos minutos observando cómo se alejan estas “reinas de los cielos” y preguntándonos dónde irán.

El recorrido ha terminado y volvemos al punto de partida: el Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza. En silencio, acusando la fatiga de las cuatro horas de caminata, volvemos muy satisfechos, asimilando todo lo que hemos visto y reflexionando. Hemos aprendido muchas cosas hoy, pero  lo más importante, la lección que no podemos olvidar, es que la naturaleza es nuestro mayor tesoro.

Una buena jornada en buena compañía, muy recomendable para hacer en familia, los menores aprenden un montón, especialmente a respetar nuestro medio ambiente.

Si les apetece la excusión, tomen buena nota que les damos los recursos:

Punto de Información “Cañaverosa”
Horario: Sábados y domingos 10:00 a 15:00
Teléfono: 626 05 54 59

Si es sábado o domingo encontrarán toda la información en la caseta situada a junto a los arcos del Santuario. Además en este enlace también pueden encontrar más detalles:

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Gracias a Fefi y  Nuria por convertir la visita en inolvidable.

Fotos y crónica: Mª José Gomariz.

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